domingo, 15 de septiembre de 2019

Se alegro de verlo y lo cubrió de besos





No le esperaba con la vara en mano para darle su merecido castigo, como haríamos muchos de nosotros, no.
Se alegró de verle y corriendo lo abrazó y lo cubrió de besos.

Este es nuestro Dios.

Cualquier otra imagen, será falsa.

Meditemos en ese Amor infinito de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo por nosotros pecadores.
Y confiémonos a sus manos, plenamente, como un niño se pone en las manos de su madre que lo ama.
Igual.
Y más.

sábado, 14 de septiembre de 2019

El Evangelio de hoy, Exaltación de la santa Cruz


" Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo,
el Hijo del hombre que está en el cielo.


Ese nadie ha subido al cielo salvo el Hijo del hombre que está en el cielo, descarta absolutamente cualquier otra religión. Que nos quede bien claro esto. ¿Respeto? Por supuesto, los cristianos por tener el mandato divino de amar a Dios y al prójimo, de por sí respetamos. Es connatural al cristianismo. Pero respetar no es asumir la religión del otro como Verdad. Eso no. Si lo hacemos, ya hemos dejado de creer en Jesucristo.

De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.

Es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, nos dice el Señor, por lo tanto su crucifixión y muerte eran necesarias si Él quería redimirnos.
Su sufrimiento como consecuencia de los pecados de toda la humanidad, en el plan de Dios, era necesario.  ¿Por qué?
 

Porque toda acción que vaya en contra de la Voluntad de Dios conlleva un llamemosle castigo ó sufrimiento ó consecuencia. Pero es así. No hay pecado, es decir maldad, por pequeña que sea que no tenga como consecuencia un padecimiento a la altura o gravedad del pecado cometido. Es una Ley de Dios que ha quedado inscrita en la creación, desde el principio.

Y la ofensa de Adán y Eva era tan grave que solo el Dios-hombre Jesucristo pudo remediarla, ya que la muerte tanto corporal como espiritual había entrado en la vida de los hombres, como consecuencia del pecado cometido. Sólo Jesucristo, pasando por la muerte y muerte de cruz, y resucitando a una Vida eterna, podía salvarnos.

Jesucristo, por Amor obediente a su divino Padre que después de la primera desobediencia, ó pecado, de Adán y Eva, quería rescatarnos de esa muerte corporal y espiritual, es decir del infierno, decretó la Encarnación de su amadísimo Hijo, en la plenitud de los tiempos, para pagar en vida mortal el llamemosle castigo ó sufrimiento ligado a todos los pecados habidos y por haber, realizados por toda la humanidad.

Era necesario.

Jesucristo lo asumió por Amor a su Padre Dios, y por Amor a nosotros. Y padeció una tortura y una muerte espantosa, en cruz, con el cuerpo lacerado, golpeado, vilipendiado, despreciado... no le quedó gota de sangre que no vertiera, por nuestra salvación.

Era necesario si quería redimirnos. Y QUISO.


Porque Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 

El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios."
Santo Evangelio según San Juan, 3, 13-17


Por todo ello, nos dice: " El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios."

Queda meridianamente claro. 

sábado, 7 de septiembre de 2019

San Bernardo nos recomienda rezar:




Es Dios el que nos conforta

El Espíritu Santo al que invocamos para pedir luz y entendimiento, amor y todo don celestial,  NOS INSTRUYE EN LOS SECRETOS DE LA DIVINIDAD.

De aquí surge el amor de los grandes santos de la Iglesia por la Sagrada Escritura, que es Palabra viva de Dios que reanima los espíritus y los une por el Amor a Dios, a Jesucristo, y por Él los hace hijos verdaderos del "Yo Soy" bíblico.





Uno de los grandes santos enamorados de la Sagrada Escritura y maestro indiscutible de ella es San Jerónimo. Hombre apasionado por la Palabra viva y divina, dedicó toda su vida a hallar las respuestas de Dios mismo latentes y vibrantes en la Santa Escritura del antiguo y el nuevo Testamento.

Leyendo el inicio de la carta encíclica Spiritus Paraclitus de Benedicto XV, podemos recordar lo siguiente:

"Jerónimo, pues, alimentó continuamente su ánimo con aquel manjar suavísimo, explicó las epístolas de San Pablo, enmendó según el texto griego los códices latinos del Antiguo Testamento, tradujo nuevamente casi todos los libros del hebreo al latín, expuso diariamente las Sagradas Letras a los hermanos que junto a él se reunían, contestó las cartas que de todas partes le llegaban proponiéndole cuestiones de la Escritura, refutó duramente a los impugnadores de la unidad y de la doctrina católica; y pudo tanto el amor de la Biblia en él, que no cesó de escribir o dictar hasta que la muerte inmovilizó sus manos y acalló su voz. Así, no perdonando trabajos, ni vigilias, ni gastos, perseveró hasta la extrema vejez meditando día y noche la ley del Señor junto al pesebre de Belén, aprovechando más al nombre católico desde aquella soledad, con el ejemplo de su vida y con sus escritos, que si hubiera consumido su carrera mortal en la capital del mundo, Roma."




Y he aquí que esta última frase la podemos enlazar con la situación de nuestro querido Papa emérito Benedicto XVI, es decir, la llamada del Señor para meditar dia y noche la ley del Señor, aprovechando más a la catolicidad desde su soledad y obediencia a la moción del Espíritu Santo que una vida entera de predicación por voluntad propia.

El que lea, que entienda.

jueves, 5 de septiembre de 2019

El año del Señor de 2019

12 1 Del maestro de coro. En octava. Salmo de David.


Súplica apremiante
2 ¡Sálvanos, Señor, porque ya no hay gente buena,
ha desaparecido la lealtad entre los hombres!

3 No hacen más que mentirse unos a otros,
hablan con labios engañosos y doblez de corazón.

4 Que el Señor elimine los labios engañosos
y las lenguas jactanciosas de los que dicen:

5 “En la lengua está nuestra fuerza;
nuestros labios nos defienden, ¿quién nos dominará?”.


Respuesta del Señor
6 “Por los sollozos del humilde
y los gemidos del pobre,
ahora me levantaré –dice el Señor–
y daré mi ayuda al que suspira por ella”.

7 Las promesas del Señor son sinceras
como plata purificada en el crisol,
depurada siete veces.

8 Tú nos protegerás, Señor,
nos preservarás para siempre de esa gente;

9 por todas partes merodean los malvados
y se encumbran los hombres más indignos.

martes, 3 de septiembre de 2019

Maquinan contra el Santo de Dios

1 ¡Feliz el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los impíos,

2 sino que se complace en la ley del Señor
y la medita de día y de noche!

3 Él es como un árbol
plantado al borde de las aguas,
que produce fruto a su debido tiempo,
y cuyas hojas nunca se marchitan:
todo lo que haga le saldrá bien.

4 No sucede así con los malvados:
ellos son como paja que se lleva el viento.

5 Por eso, no triunfarán los malvados en el juicio,
ni los pecadores en la asamblea de los justos;

6 porque el Señor cuida el camino de los justos,
pero el camino de los malvados termina mal.

Salmo 1º