Señor, concédenos la inmensa Gracia de hacernos conscientes de que por nuestra fe y adhesión personal a Ti, ya desde esta vida mortal vivimos en Dios. Vivimos en Ti, Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
Por ello no solo cuento con mis fuerzas y capacidades sino con la Fuerza y Capacidades de Jesucristo, pues Su infinito Amor pone su Omnipotencia al servicio de las necesidades de su amada Esposa, la Iglesia, que somos todos los que creemos en Él, Le adoramos, esperamos en Él y le amamos de todo corazón.
Por la santa comunión en estado de gracia santificante, es decir, en verdadera amistad con Cristo, y después de haberme arrepentido de mis pecados en el santo Sacramento de la confesión, habiendo sido perdonados por Cristo en la persona del sacerdote, recibimos al divino Redentor en nuestro espíritu, alma y cuerpo. De tal forma viene, que pasamos a ser en Él. Pasamos a vivir en Dios.
Y el Dios misericordioso del antiguo y nuevo Testamento viene a ser nuestra morada habitual, ya desde esta vida mortal y luego en la eterna.
Esto es tan grande que no acabamos de comprenderlo a fondo. Más no importa, con creerlo y vivirlo ya es lo que El quiere para Bien de todos, para Bien de Su amada Iglesia.
Toda Gracia concedida a un miembro de la Iglesia de Jesucristo, es una Gracia compartida con todos, por la virtud de la santa comunión de los santos, la virtud del Espíritu Santo de Amor que nos habita, purifica, santifica y deifica.
Gratias agimus tibi, Domine Deus omnipotens, qui es et qui eras, quia accepisti virtutem tuam magnam et regnasti
Apocalipsis, 11, 17